No es queja, tampoco desazón; pero a veces nos hacemos expectativas al ritmo de las situaciones que nos suceden. Me da la sensación que cada vez que algo bueno sucede en la vida, nos aferramos tanto a ello que a toda costa no lo queremos perder. Lógico, a quien no, sin embargo los métodos para que esto nos resulte son los que podrían jugarnos en contra. claro, a altas expectativas, altos son nuestros sueños y deseos, pero cuando vemos que ya no se esta cumpliendo todo como deseamos, ahí nos llega la frustración.
Pero quiero pensar mas allá, nos deberíamos frustrar siempre y cuando nosotros no seamos el causal de dicho momento… ¿O será que nos colocamos más exigentes de lo que en realidad el otro nos puede entregar?…
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